Cambios de gobierno y alternancia

La semana pasada se produjeron los correspondientes cambios de mando en los 19 Gobiernos Departamentales, en catorce Intendencias se mantuvo el mismo partido encargado de gobernar y en los otros cinco se produjo una rotación de partidos en el ejercicio del gobierno.
Se trata de una situación muy valiosa para la consolidación de la democracia porque nos da un sentido más profundo de su funcionamiento. El electorado ha mandado señales nuevas y contundentes a través de su veredicto electoral del pasado 9 de mayo.
En efecto, cuando en 2004 el Frente Amplio accedió al gobierno nacional culminaba un proceso polÃtico gradual, pero continuo, caracterizado por el crecimiento permanente de este partido. Seis meses después, las elecciones departamentales de 2005 confirmaban los avances electorales del Frente Amplio otorgándole el triunfo en ocho Departamentos, incluyendo la cuarta renovación de mandato en la capital del paÃs.
La percepción polÃtica dominante indicaba que se estaba ante el comienzo de una nueva época, para algunos caracterizada por la consolidación del poder por parte del partido de izquierda, el que además podÃa convertirse en un partido predominante en la medida que habÃa obtenido más de la mitad de los votos emitidos.
Incluso varios politólogos y analistas nacionales se animaron a pronosticar el comienzo de una época progresista o frenteamplista, en la medida que la contundencia de los resultados, incluyendo algún triunfo inesperado en más de un Departamento, asà lo podÃa suponer.
La elección nacional de octubre de 2009 ya adelantó una señal que contradecÃa los augurios de consolidación y supremacÃa absoluta. El Frente Amplio volvió a ganar la Presidencia por un nuevo perÃodo, pero obtuvo un respaldo electoral levemente inferior al que habÃa obtenido cinco años atrás, lo que motivó la necesidad de acudir a la segunda vuelta.
Esta señal quedó diluida para muchos por la contundencia del triunfo de Mujica en la segunda vuelta y porque el Frente Amplio mantuvo apenas y con cierta incertidumbre, la mayorÃa absoluta en el Parlamento en ambas Cámaras.
Otra de las afirmaciones que algunos pretendÃan convertir en leyes polÃticas era que aquel gobierno que el Frente Amplio alcanzara ya no lo perderÃa más. Se interpretaba, por parte de los más convencidos, una especie de tendencia histórica ineluctable que obligaba a que una vez alcanzado el gobierno por parte de las fuerzas progresistas, estas se consolidaban y afirmaban en el ejercicio del poder.
La prueba empÃrica más fuerte era la continuidad del Frente Amplio en Montevideo y la reiteración del triunfo alcanzado a nivel nacional.
Sin embargo, los resultados del 9 de mayo expresaron que la ciudadanÃa habÃa decidido no compartir esta lÃnea de interpretación. El Frente Amplio perdió el invicto electoral y de las ocho Intendencias obtenidas en 2005 solo retuvo cuatro.
Es cierto que obtuvo una nueva victoria en Artigas, pero no menos cierto es que su triunfo electoral en los dos Departamentos más populosos no estuvo exento de interrogantes debido al enorme número de votos en blanco que se registraron.
Más allá de las camisetas que todos tenemos, lo cierto es que estos resultados que ahora se expresan vÃvidamente a partir de la toma de posesión de las nuevas autoridades municipales, indican que la alternancia en el gobierno es una caracterÃstica definitiva de nuestra realidad polÃtica y que no existe partido que sea inmune a ella.
Por otra parte, la rotación de los partidos en el gobierno es un sÃntoma de salud democrática, sirve para renovar los elencos gubernamentales, sirve para demostrar la importancia de la ciudadanÃa que con su voto decide cambiar a sus gobernantes. Sirve para cuestionar a quienes caen en la tentación de la soberbia, sirve para igualarnos entre todos los partidos. Sirve para consolidar la sana incertidumbre que debe ser una nota caracterÃstica de todo sistema democrático.
En el Departamento de Salto asumió la semana pasada un nuevo Intendente, produciéndose también allà la alternancia en el ejercicio del poder. Que sea entendido como un mensaje claro, para los que se fueron y para los que comienzan, de que la voz del pueblo es la que en definitiva manda y resuelve la continuidad o cambio de sus mandatarios, que no otra cosa son los gobernantes.
A partir de ahora, ya nadie puede defender la tesis de que en nuestro paÃs existen destinos manifiestos o triunfos indiscutidos o inexorables.
Con los cambios de gobierno de la semana pasada se inauguró una nueva etapa polÃtica en el paÃs fundada en el pluripartidismo y en el equilibrio de fuerzas entre todos los partidos, lo que es muy bueno para la salud de nuestra democracia.